¿Duermes, príncipe?

Text publicat al diari mexicà “EXCELSIOR.EL PERIODICO DE LA VIDA NACIONAL - MEXICO-).

Se fue. Lluís Maria se fue. Mi querido, admirado, entrañable, incomparable, inolvidable, irrenunciable Lluís Maria partió…

A Edelmira, que tanto lo amó. Y del que tanto se dejó amar.

Se fue. Lluís Maria se fue. Mi querido, admirado, entrañable, incomparable, inolvidable, irrenunciable LIuís Maria partió. Tal vez no cuando quiso, pero sin duda donde quiso, y probablemente no como hubiera querido, pero casi.

Hoy. Lluís Maria ha de estar en la sala de espera de su Dios. Ese Dios en que tanto creyó. Si es que ese Dios es en efecto tan indulgente como él mismo tanto predicó, y le va a perdonar que no lo haya adorado de la manera y según el protocolo al que constriñen sus funcionarios sobre la Tierra. Esperémoslo.

Yo tengo, tenía, sólo tres amigos sacerdotes. Cuatro órale. Si me conoce usted tantito, amigo lector, ya sabrá que no es fácil que un cura y yo nos hagamos cuates, pero precisamente por eso, cuando la amistad ha roto la muralla de vidrio de las convicciones ideológicas, como que se instala una cercanía extraña. Más sólida que aquella que se da entre iguales.

Lluís Maria fue uno de ellos. Y de qué manera. Cómo no dejarse seducir por ese roble, en el que la estatura física no hacía sino mostrar la estatura intelectual, anímica y moral; cómo no dejarse atrapar por ese hombre majestuoso, que se equivocó de siglo y de oficio, por la fuerza invencible de su palabra y su dulzura irresistible, media cuarta más arriba.

Recuerdo con una nostalgia, hoy irremisible, las encantadoras veladas en Vía Laietana, cerca del puerto de Barcelona, en ese departamento que él había convertido en un auténtico Cafarnaum. Si de por si el cubil de hombre soltero ya es un desmadre, evoque usted, imaginativo lector, el de un cura, Y aun el de un cura disidente, eso ya es de plano una gaveta de sastre.

Aunque déjeme decirle, ahora que el veredicto divino ya ha de haber sido pronunciado y que difícilmente seré llamado como testigo de cargo, ahora que él ya no nos oye —y si nos oye, está lejos—, que las mujeres a su alrededor nunca faltaron. Pero que por lo visto no le levantaban la casa.

Ahí platicábamos, horas y horas, en los aromas de ese vino generoso de Alella, generoso e infumable, del que él tanto gustaba. En primer lugar, por supuesto, de nuestra pasión compartida, nuestro amor común: Cataluña. Que no por común provocaba el menor atisbo de celos. No se trataba de la rivalidad entre amorosos, sino de la confabulación de los pretendientes.

Pero también hablábamos de muchas otras cosas. El insistía en que América Latina era una nación única. Que las fronteras eran esclusas artificiales entre los distintos cotos de poder de los sátrapas ocales, yo le replicaba que las cosas eran más complicadas. Todas las fronteras han sido en un momento o en otro, artificiales, Lluís Maria, pero eso no hace a las naciones ilegítimas. Son los centros de poder los que han generado a los pueblos. La cultura y la lengua se generaron en los mercados.

No, respondía él, airado, la cultura se gesta en el encuentro con el otro, entre iguales, no en el negocio ni en la dominación. Eres más necio que un pinche cura, Lluís Maria, concluía yo, y dábamos un trago más del Alella aborrecible, entre risas e ironías.

El cura obrero no cesó ni un día ni una hora su combate en favor de los oprimidos y de su patria oprimida. Que a la sazón también es la mía. Soy bígamo. Sólo en el plano nacional, que quede claro. Hoy más que nunca. Sostuvo huelgas de hambre inconcebibles, en el corazón del franquismo. Organizó la Asamblea de Cataluña, organización plural catalanista que a la postre resultó fundamental en el derrumbe de la dictadura.

El tirano español hizo mutis, pero el combatiente catalanista, no. Durante la ensalzada democracia provocó no pocos dolores de cabeza. Elegido senador independiente (a ver si aprenden lo elemental nuestros insignes demócratas bananeros), su primer discurso en la Cámara de Madrid fue íntegramente en catalán, pese a los abucheos de los españolistas de toda aya, el presidente de la Mesa Ejecutiva incluido. “¡En español nos entendemos todos los españoles!” vociferaban los gachupas de allá, y Lluís Maria les respondió: “Pues en Cataluña pasa exactamente lo mismo: “En catalán nos entendemos todos los catalanes”.

Hace un año y medio hizo un elogio público a la ETA y lo encarcelaron. ‘Pues a mi me gustan los patriotas que luchan por la libertad de su patria’, declaró simplemente, pero allá, en la democrática española, no es recomendable expresar los propios gustos si tos propios gustos no son los del poder.
Lluís Maria Xirinacs desapareció hace una semana. Se dice que estaba gravemente enfermo del corazón. En su escritorio encontraron dos breves textos. El primero decía (traduzco): “En pleno uso de mis facultades, me voy, porque quiero acabar mis días solo y en silencio. Si me quieren hacer feliz, no me busquen. Si alguien me encuentra, esté yo como esté, le ruego pase de largo. No quiera él perturbar mi tranquilidad y mi soledad. Gracias!” Era el día de su cumpleaños. El setenta y cinco.

Este sábado, un excursionista encontró, bajo un pino, en los bosques del Pirineo, un cadáver. Era el de Xirinacs. En ese momento fue dado a conocer otro texto suyo y que acompañaba al anterior. Lo llamó “Acto de soberanía”. Se lo traduzco íntegro:

“Viví setenta y cinco años en unos Países Catalanes ocupados por España, por Francia y por Italia desde hace siglos. He vivido en lucha contra esta esclavitud todos los años de mi vida adulta. Una nación esclava, como un individuo esclavo, es una vergüenza para la humanidad y para el universo entero.

“Una nación no será libre nunca si sus hijos no están dispuestos a arriesgar la vida en su defensa, a ofrendarla por su libertad Amigos, acepten este final, indiscutiblemente victorioso, de mi contienda Como un pequeño contrapunto a la cobardía de nuestros líderes, masificadores del pueblo.

“Hoy mi nación se vuelve soberana absoluta en mí. Ellos han perdido un esclavo. Mi pueblo es un poco más libre, porque yo estoy en ustedes, amigos”.

Sería una traición a la memoria sagrada de este hombre legendario no decirle, en catalán, las últimas palabras de su Acto de Soberanía; “Avui la meva nació esdevé sobirana absoluta en mi. Ells han perdut un esclau. Ella és una mica més lliure, perquè jo estic en vosaltres, amics!”

Hoy aún no sabemos si Xirinacs se mató o si, simplemente, se dejó morir. El estremecimiento corre por cuenta de usted, comprometido lector. Lluís Maria no sólo deja testimonio de su amor por Catalunya, la vida y la libertad. Nos da también una lección de bien morir y, por lo tanto, de bien vivir, que sólo los necios y los adocenados ignorarán.

Amigo, compañero, maestro; Caballero andante de la libertad, Señor de la emancipación, cura soldado, noble Soberano del Reino de Más Allá del Dolor. Lluís Maria indomable, recorro tras de ti los bosques. Mis pies en tus huellas. Y te encuentro, acurrucado en esa dulce maleza que tanto amaste. Pongo una rodilla en el suelo húmedo y, con una mano sobre tu hombro inerte, te juro, en un susurro, fidelidad imperecedera. Estás en mí. ¿Duermes, príncipe?

Marcelino Perelló / Editorialista