In memoriam (Josep Ricart)

IN MEMORIAM

Lluís Mª Xirinacs fue signo de contradicción. Ni su vida –ni su muerte- dejó indiferentes a nadie. Para unos: “visionario, folclórico perturbado, mesiánico” (El Mundo); para otros: “profeta” (ex-presidente Pujol), “apóstol”, “místico”, “maestro”. El entierro, con el aplauso final inacabable que resonó en la basílica de Santa María del Mar, fue el homenaje de un país puesto en pie, que él amó y defendió siempre.

Los rasgos más destacados de su personalidad nos dan el perfil de un buscador infatigable:

  • no-violento, el Gandhi catalán (candidato al premio Nóbel 3 veces, de 1975 al 1977), con sus repetidas huelgas del hambre y su “plante” durante dos años frente a la cárcel Modelo para exigir la amnistía de los presos políticos, así como su estar de pie en el Senado (fue el senador más votado de la incipiente democracia).
  • lúcido como los profetas que anuncian un tiempo nuevo y, por ello, incomprendido e incómodo. En su síntesis personal de las mejores tradiciones de Oriente y Occidente, (como reflejan todos sus escritos) actuaba con libertad y siempre dialogante. “Con los sencillos, soy sencillo –me comentaba una vez- con los fuertes, soy fuerte”.
  • coherente en todas sus decisiones y, por eso mismo, arriesgadas. Su muerte, sesgada por los medios de comunicación, fue un ejemplo de coherencia. “En ple us de les meves facultats, marxo perquè vull acabar els meus dies en la soletat i el silenci” (“en pleno uso de mis facultades, me voy porque quiero acabar mis días en la soledad y el silencio”), dice en su breve testamento. Se dejó morir en la naturaleza del bosque con la misma coherencia con que había vivido.
  • alternativo sin rencor, sino por fidelidad a las causas pendientes. “Yo hago –me confesaba cierto día- lo que falta todavía por hacer en la sociedad y dejo en manos de otros lo que ya se ha conseguido. Porque debajo de un gran abeto, nunca crece un gran abeto”. Con los últimos siempre, como Jesús de Nazaret

Xirinacs fue escolapio y nunca se dio de baja oficial de la Escuela Pía, su congregación religiosa. La institución respetó su decisión de seguir un camino más personal. Una vez me decía que las órdenes y congregaciones religiosas deberían ser como los antiguos pedagogos encargados de llevar al niño a la escuela. Le acompañan un trayecto de camino para dejarlo después en manos de su maestro: Jesús de Nazaret. Una pedagogía para la libertad.
Con todo respeto y sin ánimo de mitificar a nadie, creo sinceramente que se puede aplicar a Lluís M. Xirinacs aquel breve poema de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. / Hay quienes luchan un año y son mejores./ Pero hay quienes luchan toda su vida y esos son imprescindibles”.
Dejó de vivir el día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor; él, en la zona boscosa de Ogassa, comarca del Ripollés.

In memoriam

Josep Ricart Oller
Cristianisme i Justícia